Lizette Abraham

CIRUGÍAS SINCERAS

La obra de Lizette Abraham (Mérida, Yuc. 1982) se caracteriza por tener una gran carga de reproche hacia la sociedad por el mal uso de la tecnología en un mundo globalizado y de una incesante búsqueda de identidad y de introspección mediante el uso del autoretrato. Generalmente su trabajo va del performance a la fotografía o viceversa.

 

Cirugías sinceras, es un transformance bicolor. La vestimenta austera de la protagonista, justamente en ausencia de color, negro, contrasta con la escenografía ubicada en el patio trasero de la galería la periferia. Una pantalla blanca instalada en una estructura metálica cuadrada de aproximadamente dos metros de alto por dos de ancho y detrás de esta una potente luz para dar efecto de sombras. Al centro de la pantalla, un agujero en el cual está inserto un corazón artificial rojo vivo, rojo sangre, del cual nacen unos cables que recuerdan su reiterada inaceptación del mal uso y abuso de la tecnología.

 

La escena comienza con el sonido de campanas, una figura femenina se encuentra detrás de la tela blanca y solo se vislumbra una gran sombra que mueve la cabeza en son de negación, de no aceptación.

 

La música es fúnebre, misteriosa y el performance se desarrolla con un vaivén de la mujer, ¿negando acaso una existencia?, ¿un amor?, ¿una vida entera?, ¿una ideología? ¿un acontecimiento específico?.  

 

¿Qué negaba la misteriosa mujer de la sombra tras la pantalla? ¿Acaso no aceptaba el apego a la tecnología? Quizá su reflexión sea más sencilla de lo que creemos.

 

Ella toma posesión del corazón colocándose justo detrás de él y agujerando la tela blanca que separa al espectador de su sombra, dejando ver al calor de la luz sus manos,  manos enguantadas que con un par de pinzas agujeran el corazón dejándolo sangrar hasta las entrañas.

 

La música sigue sonando, la mujer grita y rompe con el  monótono silencio entre  la música y el espectador.

 

La mujer por fin da la cara, parece confusa, observa a su alrededor y vislumbra a su costado izquierdo un arbusto casi imperceptible hasta ese momento. Aquel arbusto “ha dado” corazones; los toma uno a uno colocándolos azarosamente alrededor del gran corazón y los conecta a éste mediante las “venas” que de él penden.  Al terminar observa estas conexiones y hace seña de no entender, de no estar satisfecha, ¿quién alguna vez no ha entendido a los corazones a su lado?

 

Aparentemente la joven de negro ha externado su reproche, su ira, su inconformidad y como resultado, deja un corazón destrozado. Esta vez no hablamos del sentimiento.

 

La joven una vez más parece haber desquitado su furia después de una aparente Cirugía Sincera…

Claudia Victoria Olalde