Lizette Abraham

Plato de Matanzas 2009

 

Las imágenes de la serie retan a la acción, a terminar de escribir la historia narrada y decidir sobre los resultados de alguien cercano (en este caso la artista). Es un manifiesto de preguntas directas al modo de vida del espectador ¿Y tú que harías? ¿Permanecerás pensando que no sucede nada? ¿Reconoces tu nombre en esa mano, en ese pie? ¿Cuántas veces has servido carroña a tu mesa? ¿Hace cuánto que los resultados maltrataron la forma? ¿Cuánto photoshop es necesario para editar la realidad que te habita?

Los colores de Lizette evocan el espectáculo de la mentira, de lo excelso, de la estrategia publicitaria en alto contraste para darle vida a imágenes que están en la agonía espiritual. Sus autoretratos son los mundos análogos de un ente que vaga el territorio nacional, cuyos latidos se parecen cada vez más a un bit de la gran máquina monetaria. La simbiosis biomecánica comienza por aceptar que podemos ser una pieza replicable, la involución de la especie como resultado de suponer que somos capaces de controlar al mundo.

Fragmento de texto de sala. Karin Mijangos