Envolvimiento, 2012
Crear dobles. Crear desdobles. Un pliegue que llama a otro, un nivel que se repliega sobre sí mismo hasta formar una zona donde la materia empieza a pensar. El envolvimiento no es un gesto técnico: es una forma de escucha. Cada pliegue es una frase que todavía no tiene palabras, pero que ya presiona el aire del espacio hueco que intenta llenar. Las partes dobladas buscan tocarse, reconocerse. En esa unión nace un pensamiento físico.
A veces recuerdo al sastre remendado de Carlyle: alguien que cose para sobrevivir, pero que al remendar también reordena el mundo.
La tela llegó a mí como quien llega a un cuerpo sin nombre. No la vi como objeto; la sentí como un organismo discreto que esperaba ser despertado. En 2012 todo ocurrió de golpe: la tela dejó de ser un accesorio de la imagen y se convirtió en la imagen misma. Era piel, era refugio, era sombra. Podía envolverme, protegerme o asfixiarme según el día. Me hablaba desde su espesor, desde su olor, desde la temperatura que guardaba del ambiente. Y yo respondía con mis manos.
Cuando la trabajo, la tela se transforma en tejido vivo. Palpita. Se retrae. Se expande. Es un cuerpo que respira con el mío. Mis dedos despiertan sus volúmenes: protuberancias, elevaciones, hundimientos, bultos que no existían antes de tocarlos. Cada gesto que hago sobre ella tiene la capacidad de inventar una piel nueva.
Ordeno pliegues como quien organiza pensamientos que aún no se dejan decir. En ese proceso aparecen formas caóticas, blandas, obedientes, torcidas, simétricas o rebeldes. Algunas se acomodan con facilidad; otras se resisten a todo. Pero las que más me llaman son siempre las que no puedo nombrar. Las que me obligan a ver de nuevo. Las que parecen vivas, porque todavía no han sido fijadas por ningún significado.
Con la tela aprendí a confiar en la materia, a escuchar su voluntad y la mía en simultáneo. Aprendí que el gesto de doblar no es un acto menor: es una manera de pensar el cuerpo, de pensar la identidad, de pensar el mundo que me envuelve y que también intento envolver.
Lizette Abraham
Publicado en 2012.
