menu

Entrevista por Javier Pech Mukul. Estudiante de Artes Visuales Mérida Yucatán. UADY. 2025

¿Qué elementos de tu entorno personal o cultural se convierten en los detonantes principales para elegir los temas que abordas en tu obra textil?

Los temas de mi obra han mutado con el tiempo y siempre han estado ligados a mis distintos sentires y a la relación que tengo con mi realidad. Cuando comencé a formalizar mis proyectos fotográficos, mis preguntas giraban en torno a la búsqueda de una identidad y, al mismo tiempo, a la disolución de una anterior. Salir de mi ciudad natal fue un acontecimiento que marcó profundamente mi proceso artístico.

En lo personal, ese desplazamiento abrió una urgencia por entenderme y traducirme. En lo cultural, surgió la necesidad de desdoblar esas inquietudes hacia los temas sociales que ya me preocupaban; mi formación en comunicación fue clave para anclar imágenes que hablaran de desigualdades y tensiones sociales. Buscaba que la poética de la imagen permitiera comprender algo de lo que estaba ocurriendo en nuestro entorno. Desde el pliegue del textil, la materia empezó a convertirse en una nueva piel capaz de envolver esos universos y tensiones.

A lo largo del tiempo, el detonante más fuerte ha sido la posibilidad de explorar y llevar el textil a su límite: entender cómo, desde la materia misma, podía surgir y definirse un lenguaje propio. También apareció otra búsqueda: conocer mi cuerpo, separarlo de mí, volverlo un ser aparte que funciona como molde y sustancia para construir mis imágenes. Desde ese cuerpo me miro. Mis imágenes terminan siendo un autorretrato expandido: múltiples personajes que puedo habitar, todos envueltos en la misma materia y, al mismo tiempo, siendo uno solo. Tras la máscara y tras la tela me desdoblo; esa ambigüedad me dice más de quién soy que cualquier identidad fija o particular.

Más adelante entraron otros elementos culturales. El imaginario maya y los símbolos textiles de las comunidades de Chiapas —y de las mujeres chiapanecas— me abrieron un universo nuevo. El hilo, herramienta fundamental en su práctica, se volvió también central en la mía. Desde ahí pude comprender de otra forma el tejido como pensamiento, como tiempo y como gesto.

Hoy mi práctica se ha desplazado hacia los biotextiles. Volví al inicio: al encuentro con la materia y a comprenderla desde el cuerpo. Este cambio también surge de una preocupación ética y ambiental. Sentía que la acumulación de telas y materiales se había vuelto excesiva, y como artista me inquietaba el desperdicio que generaba. Vivir en esta época también me exige ajustar mis métodos y repensar lo que produzco y cómo lo produzco.

Cuando trabajas con fibras y materiales textiles, ¿cómo influye la materialidad misma en la narrativa o el mensaje que deseas transmitir?

Cuando trabajo con fibras y materiales textiles, la materialidad en sí misma se convierte en un punto de partida y en un interlocutor. Las materialidades son decisivas en la elección de mis temas: empiezo a partir de ellas, de manera intuitiva, para entender las posibilidades que me ofrecen; cuanto más las conozco, más las dejo «respirar» y hablar. Es importante darles espacio, abrir un diálogo desde el tacto, el olor, lo visual. El tacto me abre mucho conocimiento: siento que es una parte importante y, a través de mi cuerpo, me fundo con esos materiales; me habito con ellos.

Estas estructuras que construyo con materia — fibras, hilos, telas, biotextiles — comienzan a devenir cuerpos, intensidades, materiales con volumen. Como en un laboratorio creativo, allí extraigo los hilos temáticos que durante casi quince años de investigación han ido tocando mi trabajo: no tanto para responder preguntas sino para partir de ellas. Por ejemplo: ¿puede la materia ser una segunda piel? ¿La materia puede convertirse en un lenguaje por sí misma? ¿Dónde empieza y dónde termina esta estructura en forma de piel? ¿Mi cuerpo es un espacio con límites? ¿Mi cuerpo es una forma acabada o un ecosistema en mutación constante? ¿La piel, la carne, la materia — cómo operan dentro de este cuerpo? ¿En qué puede convertirse esta materia? ¿Qué otras metáforas o analogías puedo encontrar en ella?

Definitivamente parto de la materialidad, de la sensación, de la primeridad para prefigurar mis temas. Pero cuando trabajo temáticas sociales o ambientales, a veces parto desde otra puerta: esas preguntas que me quitan el sueño, esos lugares que no me dejan descansar, para después ver cómo esa materia puede transformarse — en paisaje, objeto o personaje. Con el tiempo he aprendido que tengo varios procesos creativos: parto de distintos lugares, y considero importante incorporar varias miradas para comprender cómo opera en mi cabeza, cómo me relaciono con la materia, el tema, y también con la performance, la instalación y la imagen.

Tu obra suele integrar investigación histórica, social o simbólica; ¿cómo inicia ese proceso investigativo y de qué manera se transforma en un lenguaje visual dentro de tus piezas?

Cuando parto de temas sociales o históricos —como en mis investigaciones sobre Chiapas, Kimbilá o Los cómplices en 2012— comienzo haciendo una investigación documental y territorial muy puntual. Empiezo por listar los puntos que despiertan inquietud y, a partir de ahí, dejo que surja una lluvia de ideas que luego voy estructurando.

Una vez que tengo ese primer mapa conceptual regreso siempre a mis materialidades: la tela, el textil, los hilos, los biotextiles. Ahí empiezo a relacionar esas ideas con la materia. Para mí es muy importante prefigurar mentalmente cómo podría verse, cómo podría sentirse, y después hago bocetos muy sencillos. En ese momento todo parece caótico: una idea con muchas patas, todo mezclado.

Con los días voy depurando y tomando decisiones. Preparo materiales y empiezo a darles forma sin saber si funcionará o no. Esa parte me genera ansiedad, pero es parte del proceso; es como saltar al vacío y confiar. A veces las ideas no funcionan, pero cada vez conozco mejor los materiales y entiendo cómo se relacionan con ciertas evocaciones, metáforas, con la poética de la imagen o con las analogías que dan fuerza a lo que quiero decir.

Trabajo mucho desde la intención, la prueba y error, la fotografía como herramienta para entender cómo va funcionando el gesto en la imagen: la expresión, el cuerpo, el paisaje, los objetos. Todo se va relacionando poco a poco, como si se entretejiera, hasta que aparece esa simbiosis que revela un lenguaje visual propio.

¿Existe una relación entre todas las colecciones que has realizado hasta el momento? ¿Cuál sería?

Es una pregunta que sigo procesando, sobre todo porque hace dos años cambié por completo mis materiales y pasé del textil tradicional a los biotextiles. Trabajo mucho desde el sentido común, las corazonadas y la necesidad de estar en paz con lo que hago, de sentir que mi práctica se mueve hacia un lugar más amable con el planeta.

Aun así, creo que sí existe un hilo conductor entre todas mis series:

la materialidad como punto de partida y el cuerpo como médula espinal de la mayoría de mis imágenes. La conversación entre ambos  cuerpo y materia, ha sido siempre la base. Los temas pueden variar mucho de una serie a otra, pero esa relación orgánica entre lo material y mi propio cuerpo es lo que sostiene mi práctica desde hace años.

Desde tu visión, ¿existe un formato/tamaño idoneo desde el que consideres que tus obras tuviesen el impacto que deseas?

Sí, definitivamente los formatos grandes son los más idóneos para mi obra. Mi trabajo tiende a ser barroco, desbordante, lleno de profundidades gestuales, texturas y capas de color que simplemente no se leen igual en formatos pequeños. Necesitan espacio para respirar y para que la mirada pueda recorrer esos detalles que forman parte del sentido de la pieza.

Sin embargo, también hay momentos en los que la obra deriva hacia lo escultórico o lo instalativo, y ahí me interesa mucho trabajar a escala real. Me gusta que el cuerpo del espectador pueda encontrarse con las materialidades presentes; que el tacto —o la percepción del tacto— sea otra vía de conocimiento de la pieza. El tamaño real permite que la materia se imponga, que dialogue con el cuerpo y que active una experiencia más directa y sensorial.